viernes, 4 de octubre de 2013

De acá a la china. La historia de los hermanos Asaro

La historia comienza con Gustavo Galera. El entrenador de la cuarta de Aldosivi casualmente es el tío de los hermanos Santiago y Gonzalo Asaro. Fue todo hace poco más de un mes. El mayor, el enganche, el diestro, Santiago, había perdido la final del fútbol marplatense con Norte. El menor, el lateral, el zurdo, Gonzalo, estuvo entrenando en el mismo equipo, luego de haber quedado libre en Aldosivi, tras cinco años de inferiores.

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Gonzalo y Santiago luego de un amistoso en San Pablo
Por Gonzalo Lascar
Ambos tienen el gran sueño de hacer carrera en este deporte, de pisar fuerte o, por lo menos, de poder vivir unos años vistiendo alguna camiseta. Hoy, su realidad es completamente distinta a la de unos días atrás. Los marplatenses están trabajando incansablemente en una concentración en Brasil, precisamente a 10 km de Atibaia, en medio de una tupida montaña y en dos semanas viajarán a Asia con este “plantel” para intentar buscar un club profesional.
Suena extraño, inédito, pero Santiago explica: “Mi tío Gustavo Galera hizo el contacto con un empresario para que podamos venir acá a entrenar con este equipo que en realidad es ficticio y se forma con jugadores de Brasil. Están nucleados por un empresario y es quien hace toda la inversión”.
Además, cuentan que este empresario brasileño hace esto desde hace diez años, aunque para los argentinos es la primera vez. De nuestro país están ellos dos y un chico que hizo inferiores en Defensa y Justicia. “En junio el empresario hizo una gira que fue por Rusia, Dubai y China. Ahora, la idea es ir a Japón, Corea y China”, agrega. En tanto que Gonzalo dice que “hay una serie de amistosos que se hacen en los tres países y van veedores de Asia”. “La idea es quedar en equipos de allá”, sostiene.
Cortar los lazos familiares por dos meses o más muchas veces puede resultar un obstáculo. Si bien hoy en día mantener el contacto es muy fácil a través de la mensajería por celular o a través de la computadora, ambos afirman que la distancia genera melancolía. Sobre todo en los otros, en los que se quedaron en Mar del Plata.
- Santiago, ¿cómo se lo tomó tu novia?
- A mi novia se lo escondí hasta último momento esto. Vino un tipo a mi casa a decirme que estaba cerrado lo de la gira y ella me preguntó qué gira. La misma tarde que perdimos con Kimberley se cerró todo y al otro viernes estábamos saliendo.
- ¿Y sus viejos?
- Mis viejos no lo pueden creer. De un momento para el otro nos fuimos los dos. A veces mi mamá llora, pero nos ve bien y es lo más importante. Para ellos es difícil. Por lo menos los dejamos con el perro.
Claro que no todo es tan perfecto como suena. Llegar hasta la concentración significó un salto al vacío, confiar en que lo apalabrado sería cierto. “Nos decíamos entre nosotros: ‘¿Dónde nos están metiendo?’ Cuando nos bajamos del avión en San Pablo eran las 12 de la noche. Nos trajeron en una combi acá y pensábamos: ‘Acá nos bajan, nos roban todo y nos dejan tirados’. “Pero al otro día empezamos a disfrutar”, narraron.
La adaptación, sobre todo a la fauna, fue otro tema que fueron descubriendo paulatinamente. Así, detallan: “Hay iguanas de un metro y medio. Después vemos ardillas todos los días y tucanes los días lindos. Por ahí vemos loros sueltos y hay monos que los escuchamos claramente, aunque todavía no los vimos. Es todo una aventura. Las arañas te piden la hora”.
- ¿Te dan miedo?
- Y… un poco. Siempre antes de acostarme reviso debajo de la cama, miro el colchón. Son bravas. Cuando llegamos nos advirtieron.
Por otra parte, de por sí hay una cierta presión por entrar en el equipo que emigre en la gira. El plantel es de 25 futbolistas y viajan 22. Según cuentan, esta semana, ya con algunos amistosos disputados, se darán los nombres oficialmente.
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Los hermanos Asaro en la concentración
De movida, hubo un reto físico. Luego de tres semanas de entrenamientos, aseguran que hoy por hoy se ven bien para entrar, que han jugado bien y que estuvieron a la altura. Sin embargo, contaron: “Físicamente al principio nos costó adaptarnos al calor. Acá hace 30 grados y entrenan a las tres de la tarde. Nos mandaron a hacer un test de mil que parecíamos dos perros en la playa con la lengua afuera. Pero con el correr de los días mejoramos la condición física y ahora estamos a la par de ellos”.
También futbolísticamente la vara es alta. “Hay jugadores que jugaron en la primera de Brasil, en el Corinthians, en San Pablo. Hay uno que viene de marcar a Messi en la Champions del 2010 para el Basilea. Hay otros que no son tan buenos pero llegan por un empresario”, señalan y agrega Santiago: “Estamos al primer nivel. No hay mucha diferencia. Una vez estábamos almorzando, hablando del Barcelona y uno de los chicos más grandes, debe tener 27 años, dijo: ‘Cuando lo marqué a Messi no lo podía creer’.
Entonces yo pensé: “Acá hay uno de los dos que está equivocado, o él o yo’”.
- ¿Santiago estás jugando de enganche y vos Gonzalo de lateral izquierdo, como lo hacen habitualmente?
- Acá la táctica difiere de Argentina. Se juega con un 4-2-2-2, los cuatro mediocampistas están cerrados. Los que en Argentina juegan por los costados, acá lo hacen como una especie de doble cinco adelantado. Por los carriles juegan los laterales nada más.
- ¿Tenés un lindo trayecto por la izquierda entonces, Gonzalo?
- Ni hablar. Cuando subo solamente tengo al 4 de ellos por la banda, si lo gambeteo llego hasta el fondo del arco. Encima a mí me gusta ir mucho al ataque. Me resulta muy fácil. Pero a Santi le cuesta un poco más adaptarse, porque no tiene una posición fija y hay menos espacios.
“Todo es muy profesional”, sostienen en referencia al ambiente. Es que, de jugar en un fútbol amateur como lo es el de Mar del Plata, tienen la chance de entrar en el circuito. “Me di cuenta que tengo que endurecerme en el gimnasio porque el resto está en otro nivel físico. Son muy intensos. Por ejemplo, en Norte cuando hacíamos trabajos de velocidad hacíamos 16 piques y acá hacemos 70”, indica Santiago.
El reto es grande. En caso de poder quedar en algún equipo sería un cambio muy grande. “Por lo que escuchamos, han vendido jugadores en 300 mil dólares. Imaginate que llevar personas a China no es barato. Pero si lo vienen haciendo hace diez años no es ninguna improvisación”, sostiene.
Esta historia aún no tiene final. Ambos están contentos, ríen y sueñan. Muchas veces se dice que el tren pasa una vez en la vida. Ellos sienten que lograron subirse a este tren que los transportó de Mar del Plata a Brasil, y, por qué no, de ahí a la China.
Nota publicada en el Diario El Atlántico de Mar del Plata el jueves 3 de octubre de 2013