domingo, 27 de febrero de 2011

BOCA 0 ALL BOYS 0

"Riqueeelme, Riqueeelme, Riqueeelme"
El 10 jugó como nunca: la gente lo apoyó con banderas y gritos al principio, en el entretiempo y al final, y terminó insultando a Falcioni por el 0-0.
El tipo es pelado, entrado en años. El pibe es rubio, entrado en la temprana adolescencia. “Riqueeelme”, “Riqueeelme”, gritan al unísono, identificados, enojados, irritados. El que no escucha es porque no quiere. Esto no es la Bombonera. Es la bomba de tiempo que le explotó a Falcioni en la cara. Y lo dejó quemado.
El blíndex de la platea baja es el testigo genuino de la expresión popular. El blíndex soporta el grito de guerra. El blíndex es una barrera de contención, porque si no...
La imagen es la de ese final furioso. Es Falcioni caminando rumbo al vestuario y escuchando bien cerquita el pedido de varios plateístas que, disconformes con el resultado y con el rendimiento del equipo, se quejan, insultan y exigen por el ídolo excluido. Boca empató, pero Román ganó por goleada. Otra vez, el equipo jugó mal, notó su ausencia y exasperaron sus problemas para generar jugadas elaboradas y peligrosas de ataque.
La imagen también es ésta, son los murmullos ante cada pelota perdida y el codo al de al lado, ese constante “cómo extrañamos a Román” que se desparrama por la platea.
La imagen también es la de la previa, cuando aun sin chapa igualada y la incógnita de cualquier resultado, la mayoría de los hinchas que asistieron al jardín de la casa de Román plantaron flores por su líder. El “Riqueeeelme, Riqueeeelme” se oyó bien fuerte antes de que saliera el equipo al campo de juego e incluso cuando apareció el técnico, acaso una muestra de que la protesta era auténtica, independientemente de cómo terminara la noche ante All Boys.
El Templo de Román, como lo bautizó el propio Maradona, no permitíó el ingreso de ateos. La 12, desde hace rato enemistada con el enganche, trató de frenar el apoyo a Riquelme incrementando el aliento cada vez que la gente empezaba a pedir por él, pero no logró frenar a la mayoría. “Román, el tiempo te dará la razón”, “Romance por siempre” era lo que se leía en algunos trapos colgados en la platea. Otra bandera, que se vio en la calle, fue más dura y elocuente: “Falcioni, hoy te odio más que a Ortega y a Fabbiani”.
¿Y Román? Al revés de lo que había declarado en la semana, finalmente no se lo vio por la cancha. Tal vez, estuvo en algún recoveco escondido, pero al menos en su palco no se lo observó. A la mañana sí se había hecho notar. Se presentó en el horario estipulado para el entrenamiento de los que no jugaban y cumplió toda la rutina física ordenada por el preparador físico Gustavo Otero. En casi dos horas de trabajo, el 10 demostró que no salió del equipo por cuestiones físicas.
¿Cómo sigue esta historia? Tal vez, el resultado de anoche pueda acelerar el retorno, aunque habrá que esperar para conocer la decisión de Falcioni. ¿Lo vencerá la exigencia de la tribuna? ¿Entenderá que el equipo necesita del talento del 10 para mejorar en la elaboración? ¿O seguirá firme en su postura y mantendrá su amado 4-4-2? La gente ya contestó.
Fuente: Ole