martes, 26 de junio de 2012

PADRE NUESTRO ......

El romance del obispo

ENAMORADOS. El sacerdote y María de las Victorias, en playa mexicana.
ENAMORADOS. El sacerdote y María de las Victorias, en playa mexicana.
Edición impresa. Detalles íntimos de la relación entre el cura y la empresaria gastronómica. Una historia prohibida que no pudieron ocultar, señala el Diario Crónica.
Por Mercedes Ninci

La historia del obispo de la Diócesis Merlo-Moreno,
Fernando Bargalló, con la espléndida María de las Victorias Martínez Bo tuvo su punto de máximo esplendor en el cálido verano de 2011.

El 10 de enero, llegaron separados a Ezeiza y tomaron vuelos diferentes hacia Estados Unidos. La empresaria, divorciada, de 55 años, abordó el avión de la entonces línea Continental y él un vuelo de American Airlines con destino final a Miami. No había nada que sospechar, él es el titular de Cáritas de América latina y viaja constantemente con su pasaporte diplomático. Ella, la dueña del paquetísimo restaurante 'Jolie Bistró' de Belgrano R, ubicado frente a la plaza Castelli.


La pareja se encontró en el país del norte y luego viajaron juntos al Distrito Federal de México, donde comenzaron la luna de miel. Al día siguiente, volaron en un jet hacia el Aeropuerto Internacional Bahía de Huatulco, en el estado de Oaxaca, desde donde se trasladaron a la soñada Villa Balneraria Puerto Angel en el municipio de San Pedro Pochutla.


Sigilosos y escurridizos, pendientes de no encontrar ningún argentino inoportuno, pasaron tres días en el exclusivísimo Hotel Boutique Casa Bichú, donde se los vio comiendo exóticos platos acompañados de vinos carísimos. Aislado, exquisito, sensillo y elegante, son las cuatro palabras con las que sus dueños definen este hotel situado con vistas al Océano Pacífico. El lugar cuenta con sólo nueve lujosísimas cabañas muy alejadas unas de otras, rodeadas de palmeras, con vista a la montaña rocosa y al mar. El valor de la habitación por noche por persona está entre los 290 a los 470 dólares. Los tres días, disfrutaron de las paradisíacas playas de Puerto Angel, donde no se privaron de nada: tomaban sol (tal vez él por demás, estaba muy ardido), hicieron snorkel (buceo) y hasta pescaron con red, entre besos, abrazos y caricias.


Por las noches, el fumaba un habano, y luego los esperaban el jacuzzi y una inolvidable cama con techo, hecha en ratán y caña de bambú. El viaje no terminó ahí. Después de tres días de novela, con una camioneta Dakota blanca se fueron a recorrer la costa marítima del Estado de Oaxaca. Después, el tour del amor, siguió en las playas de Xicatela, en la ciudad de Puerto Escondido, muy conocida por los surfistas por tener las olas más altas del mundo. Allí, pararon también tres días, en el Hotel Santa Fe, donde se dieron todos los lujos.


El magnífico complejo tiene vista a una imponente cadena montañosa, similar a la de la localidad de la Cumbre, en las sierras de Córdoba, villa que los unió durante toda la infancia (ver recuadro). El viaje del amor finalizó en las playas de Ixtapa. Allí pararon en el celestial Resort Las Brisas Beach Club, un hotel un poco más grande que los anteriores, con frondosa vegetación y playa privada, de arena blancas y aguas cálidas y cristalinas. El crucero del amor terminó allí. Luego cada uno volvió por su lado en la misma línea aérea en que habían viajado. María de las Victorias regresó el 27 de enero, totalmente renovada, con la esperanza de que él dejara los hábitos, y él, el 30 de enero, seguro de que jamás los habría de dejar. Cuentan que lo primero que hizo ella al regresar fue colocar un oportuno mensaje en la carta de precios de su restaurante que dice
“El amor es tan importante como la comida, pero no alimenta”.

A la amiga de la infancia la conoció en La Cumbre

Cuando el obispo de Merlo-Morón,
Eduardo Bargalló, dijo que las fotos en las que se lo veía eran con “una amiga de la infancia” no mintió. Y es que el actual titular de Cáritas para América latina conoció a María de las Victorias Martínez Bo en La Cumbre, donde ambas familias tienen casa y veranearon toda la vida. De niños jugaban cerca del golf y a él, apenas dos años mayor que ella, dicen que siempre le tembló el corazón.

En el invierno ambos volvían a San Isidro, donde no dejaban de frecuentarse. Pero llegó la adolescencia y ella prefirió seguir yendo a bailar a Tobbis en La Cumbre, donde era la atracción de todas las miradas masculinas. El, en cambio, cumplió el mandato de la época. Y es que en todas las familias tradicionales debía haber un cura, y él decidió cumplir con el mandato. Así es como cambió el rumbo de su vida. Sus amigos de las sierras contaron a
Crónica que nunca la olvidó.

La espléndida María de las Victorias se casó entonces con el médico
Ricardo César Mastai, dueño de la empresa Sistema Médico de Emergencia Domiciliaria, de quien se separó hace unos años. Mastai se quedó a vivir en San Isidro y ella se fue a un departamento muy lindo de Belgrano R, a seis cuadras de su restaurante Jolie Bistró. La pregunta que se hacen algunos es cómo pagó semejante viaje el obispo que brega por los pobres en todas sus homilías. La respuesta es simple. Tanto la familia Bargalló como la de los Martínez Bo tienen muchísima plata y unas espléndidas mansiones que aún conservan en La Cumbre.

El padre de Bargalló era un abogado muy conocido y su madre, una artista plástica formidable. Su hermana, Carola, compró hace pocos años el hotel conocido como El Castillo de Mandl, famoso porque su original dueño fue el millonario austríaco Fritz Mandl, casado por aquel entonces con la actriz de Hollywood Hedy Lamarr.


El fuerte, emplazado en la cumbre de una montaña, había sido adquirido por el titular de la SIDE en la década de los ’90, Hugo Anzorreguy, para que el ex presidente Carlos Menem parara allí cada vez que iba a jugar al golf a La Cumbre.


Los Bargalló son gente de fortuna y el obispo de Merlo-Morón puede perfectamente pagar un viaje con ese lujo sin tener que servirse de la plata de Cáritas. Uno de los hermanos de María de las Victorias también tiene una espléndida mansión en La Horqueta de San Isidro y son ricos de toda la vida, aunque no les guste ostentar.

¿Qué pasará?

El Vaticano ahora tiene la última palabra. ¿Sancionará al obispo? Dicen que ella sigue esperanzada en que cuelgue los hábitos. El, en cambio, en un comunicado, ratificó
“que siente profundamente su sacerdocio”. Más allá del amor, trascendió que los servicios secretos del Papa conocían perfectamente esta historia, y esto habría sido el detonante por el cual Benedicto XVI habría decidido recortarle poderes a Cáritas el mayo pasado.